Sociedad / Edición Impresa
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una maestra cuenta en un blog cómo es enseñar en el conurbano bonaerense

Da clase entre las balas y la miseria

El alumno que mató a un policía a los 12, la adolescente que la llama de madrugada porque no puede dejar de fumar paco, la nena abusada por su papá: son algunas de las historias que vive –y cuenta– Agostina Di Stefano en su cuaderno de bitácora.

Tamara Smerling
08.03.2009

Todos contentos. Agostina con sus alumnos de cuarto grado de la escuela de Ingeniero Budge. Dice que su terapia es la sonrisa de los chicos.

“Trabajamos para forjar un mundo mejor para nuestros alumnos y para la sociedad. No es poco, diría que nuestra responsabilidad es grande, es una invitación para construir la paz.” La frase sale de boca –o mejor, del tipeo– de una maestra que trabaja desde hace tres años en el sur del conurbano bonaerense. Se trata de una profesora de inglés, Agostina Di Stefano, que creó un blog contar las experiencias que vive y se le quedan atragantadas. Así nació La Bonaerense. En la bitácora se leen “anécdotas, historias, ideas y esperanzas” y una fervorosa reivindicación del rol docente, justo cuando la matrícula de inscripción a la carrera se desinfla como un globo.

Agostina tiene 26 años y creció en Hurlingham. Pensó en ser asistente social, pero se recibió de profesora de idioma. “Me sorprendí apasionada por la docencia”, dice después de haber tocado puertas en escuelas de Ingeniero Budge, Villa Albertina, La Loma, Villa Fiorito, Lomas de Zamora. “Salís del profesorado para trabajar en una escuela perfecta, que no existe en ninguna parte. Nadie te prepara para esta otra realidad, que son los chicos que en lugar de hablar, gritan violentos, que todo el día están solos o en la calle porque sus padres trabajan”, dice. El año pasado tuvo a cargo 13 divisiones, 450 alumnos. ¿El sueldo? Unos 2.500 pesos –entre incentivos por trabajo nocturno y zona rural– repartidos en cinco escuelas.

Sobre el día previo a su llegada a una de esas escuela cuenta en el blog: “No pegué un ojo en toda la noche. Las voces de la gente en mi cabeza no paraban: ‘No vayas a esa escuela, es muy peligrosa’, ‘Estás loca si te metés en esa villa’, ‘Es la peor escuela de Fiorito’. Y bueno, ahí estaba yo, lista para salir de casa a las seis de la mañana. Desde que conocí Villa Fiorito quise entrar en esa escuela, porque sé que nadie quiere ir, que los chicos cambian de docente a cada rato y porque ya muchas otras veces me asustaron con escuelas que, al final, resultaron tranquilas”.

Agustina creó el blog en mayo de 2008: la idea fue de su ex novio, que la veía volver de la escuela feliz o angustiada. “En esa época vivía en Palermo. Cuando me subía al colectivo para ir al conurbano me ponía a leer: no levantaba la cabeza en una hora y media. Cuando bajaba, la realidad era impactante. Todas esas historias que escucho o vivo son terribles”, describe Agostina. Entonces se preguntaba a quién le interesaría leer sobre una maestra que esquivaba tiroteos para ir al trabajo. La respuesta fueron las 700 visitas por día que recibe el blog, además de ofertas de dinero, juguetes o ropa de sus lectores.

Agostina dice que el caso que más le impactó fue el de Luz, que sufría abusos de su padre y llegaba al colegio sucia, despeinada y sin útiles. La nena le contó que su mamá “la había abandonado para irse a Misiones con su bebé y su nueva pareja”. A la maestra le sobran historias para contar: el alumno que mató a un policía a los 12, el pibe que recibió de su madre el pedido de que la acompañara a parir un bebé que abandonó en la basura, la chica que llama de madrugada porque no puede resistir las ganas de fumar paco, los tres alumnos que se murieron ahogados en el Riachuelo. Insiste en que no todo es triste y que su blog –y su vida– rescata también anécdotas divertidas como la de una maestra, a la que adora, que le dijo: “Yo soy muy moderna, sé de todo por mis hijos adolescentes, viste. Es así, si no te modernizás y estás en la onda, no sos nadie”. Cuando Agostina le preguntó: “¿Ah, sí? ¿Y qué banda te gusta?”, la colega le respondió: “Los Ricotitos”.

–¿Qué les respondería a los que dicen que los maestros tienen tres meses de vacaciones, ganan buen sueldo y no deben hacer paro?

–Todo el mundo sabe que un maestro no va a “progresar” demasiado en la vida: lo máximo es conseguir dos cargos y trabajar de 8 a 17. Aunque parece sencillo, en realidad es terrible: los diagnósticos, la preparación de clases, corregir pruebas, dejás trabajo para el fin de semana. Los nenes llegan sin bañarse, el pelo sucio, en chancletas en pleno julio, comen con las manos, se hacen pis encima y tenemos que limpiarlos. Cuando llamamos a los padres, nos amenazan con no mandarlos más al colegio o dicen que cartonean todo el día y que no se pueden hacer cargo. Ésa es nuestra realidad: tenemos que salir a buscar a nuestros alumnos a sus casas.

–¿Piensa que por eso tendrían que ganar más?

–Sí. No trabajo en una oficina con aire acondicionado, viajo de una escuela a otra, hago 32 horas por semana, muchas veces de noche. Está bien que los maestros hagamos paro, es nuestro derecho laboral, ¿si no cómo les vamos a enseñar a nuestros alumnos a luchar si bajamos los brazos? Pese a todo no voy al psicólogo. Mi terapia es verlos sonreír.






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