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teatro / CRÍTICA / UNA familia dentro de la nieve

Una sorpresa desde los márgenes

Natalia Laube
24.06.2009

Trabajo conjunto. Sin pretensiones ni estrellas del under, la obra sorprende.

Una familia destrozada por la ausencia de un padre que abandonó su casa para apoyar la causa soviética; un hijo casi genio que ve y cuestiona muchas más cosas de las que su madre (mucama de un hotel) logra responder y puede soportar; cuatro hermanas que lidian como pueden con sus enfermedades psicosomáticas y encuentran algo parecido al escape construyendo maquetas de las ciudades en las que imaginan viviendo a su padre (y el detalle: utilizan para sus manualidades las cajitas de los remedios que toman para paliar sus molestias crónicas). Suena bastante psicótico, es cierto: en Una familia dentro de la nieve conviven todas estas situaciones y personajes que viven al borde de un ataque de nervios o sumidos en la depresión, pero el resultado escénico está lejos de generar la pesadumbre que proponen las historias de familias disfuncionales que pueblan la escena off.

Acá pasa algo distinto: resulta fácil reírse (o al menos sonreírse) con casi todas las escenas, porque los personajes muestran su costado más disparatado y menos denso. Mérito, primero, de Guillermo Arengo (Lucidez, Circuitos para gente artificial), que en su faceta de dramaturgo busca por donde pocos y explora en el consciente y en el inconsciente para ofrecerles a sus criaturas muchas capas, infinitas posibilidades.

La puesta de Diego Brienza le hace justicia al texto y sumerge a los personajes, de por sí raros, en un mundo todavía más extrañado, en el que conviven las tecnologías más modernas y manualidades a las que sólo podrían dedicarse personas con mucho tiempo y mucho dolor (por favor, no abandone la sala sin echarle un vistazo de cerca a esa pequeña gran obra instalada en el centro de la escena, que Cecilia Zuvialde creó usando como materia prima cajas de medicamentos, tal como sugería el texto).

Una familia dentro de la nieve es una de esas sorpresas chiquitas que, con originalidad y encanto, sorprenden desde los márgenes: sin recurrir a actores del establishment under (aunque la mayoría trabaje en teatro hace ya un tiempo) y sin pretensiones, éste es un ejemplo de que el trabajo en grupo (destacan Horacio Marassi y el cuarteto de muchachas, pero acá el conjunto vale más que la suma de las partes) puede llegar a buen puerto.






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