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CEREMONIAS EXORCISTAS EN EL SIGLO XXI

Yo te expulso, espíritu del maligno

Desarrollan sus rituales entre la privacidad, la celebridad barrial y un psiquiatra a mano. Dicen que el film El exorcista no la pifia, salvo por las camas voladoras y las cabezas giratorias. Y que si esa película se hizo popular, más lo es la demanda de exorcistas, con cinco tipos que sujetan al poseído. El cura platense Carlos Mancuso explica sus encuentros con el demonio, un médico jefe del Borda blande su diagnóstico y el padre Hugo Mujica da su visión acerca del Bien y del Mal.

Diego Oscar Ramos
15.05.2008

“Tu Dios no existe, me dijo el diablo hace pocos días en un endemoniado. Ah, ¿no?, ¿Y a vos quién te mandó al Infierno?, le dije y ahí se calló la boca”, cuenta, en la iglesia platense San José, el padre Carlos Mancuso, uno de los poquísimos sacerdotes católicos que hace pública su condición de exorcista. Y habla de su tarea –la de enfrentarse a distintos males psíquicos, espirituales o al mismísimo demonio, como asegura– con la naturalidad que podría tener cualquier profesional para explicar detalles de su oficio.

"Estas cosas son muy reservadas. Yo he salido a la luz, pero los demás trabajan solos en sus parroquias y nadie sabe nada", comenta y sólo menciona como referente a su famoso colega Ramón Morcillo, cura de la iglesia San Andrés Avelino, del partido de San Isidro, con quien no suele verse con frecuencia –según explica– por el tiempo que les demanda atender a las decenas de personas que los consultan por semana. Dicho lo cual el cura ya no hará más menciones a otros sacerdotes o a estadísticas, en sintonía con la mayoría de fuentes católicas consultadas, que niegan tener algún tipo de registro de casos de posesión presunta y prefieren en general no ser mencionados en torno a esta función sacerdotal.

Pero el padre Mancuso habla del tema con un humor que hasta parece molestar a quien, para el Occidente cristiano, es el máximo exponente del mal. “Al diablo no le gusta mi ironía, se siente herido en su amor propio”, dice y revela otro de sus diálogos:

–Una vez me dijo ‘Tú a mí no me conoces’, como dando a entender ‘Soy un gran señor’. Pero cuando lo echo en nombre de Cristo se va, no es omnipotente.

A sus 74 años el sacerdote habla del mismísimo demonio como de un viejo, acaso porque en los últimos tiempos la Iglesia ha estado enfriando su figura cosa de aliviar el peso intolerable de siglos de ética religiosa, premios celestiales y castigos infernales. Claro que ese corrimiento también tiene ecos en el saber popular, que además de ver en la vejez del malo la fuente de su saber, dice que su poder se magnifica si creemos que no existe.

“Eso es correcto, la gente dice que el diablo es un invento de los curas para asustar a los chicos para que se porten bien. Pero los que hacemos exorcismo sabemos que es un ser perverso”, asegura en su despacho, donde suelen llamarlo desde personas en busca de su atención hasta canales de televisión internacionales para filmarlo en acción.

–Esta tarea es extender el reino de Cristo, no hay que devaluarla convirtiéndola en espectáculo, dirá entonces, afirmando una y otra vez que es el propio Jesús el que a través suyo continúa echando las fuerzas oscuras, como menciona que lo hizo hace dos mil años cuando dejó establecidas las bases para la repulsión del mal.

“Siento a Cristo presente cuando las personas son liberadas, es una presencia a través de uno”, cuenta Mancuso y expone una paradoja: “Me es más fácil hablar con el diablo que con Jesús; pero lo hago por necesidad, no porque me agrade”. Y por si acaso vuelve a aclarar que conviene hablar poco y atenerse a las fórmulas del ritual romano, texto oficial católico que incluye las oraciones para exorcizar.

Con esta antigua y noble herramienta –usada desde 1614 y renovada por Juan Pablo II en 1999– Mancuso trabaja junto a por lo menos cinco personas –todos hombres– que sujetan a la persona, dueña en esos estados de una gran fuerza que llama sansonismo. Las ceremonias duran cerca de una hora en los casos más… ¿benignos? Cuando el diagnóstico se pone embromado, se va reiterando el rezo de las fórmulas exorcísticas durante horas o se dosifican en varios encuentros, todos necesariamente autorizadas por un obispo.

TE ORDENO QUE ABANDONES ESTE CUERPO. Para explicar el ritual liberador a través de oraciones, lectura de pasajes bíblicos y uso abundante de agua bendita, Mancuso dice que lo que se ve en la película El exorcista se acerca bastante a lo que él hace cotidianamente:

–El hecho es real pero la puesta en escena es ficticia. No me ha tocado que se levante la cama o que algo salga volando. Uno lo que tiene es un enfrentamiento con un enemigo que hay que expulsar.

Otra película que respeta es El exorcismo de Emilie Rose, la visión del norteamericano Scott Derrickson del caso de Anneliese Michel, una alemana de 23 años que murió luego de unas cuantas sesiones de exorcismo, que terminó en el enjuiciamiento de sus padres y el sacerdote.

El caso es paradigmático para entender la cautela oficial de la Iglesia en sus declaraciones públicas y para comprender también algunos puntos de la reforma del código exorcista: el que indica que el ritual se haga “de manera que nadie lo pueda considerar una acción mágica o supersticiosa”, los pedidos de “cuidar que no sea un espectáculo para los presentes”, que no se haga partícipes del rito a los medios de comunicación y que todos los participantes tengan discreción sobre lo que vivieron.

Año del Señor 2008, así se definen –según la reforma del código exorcista– los signos de un poseso: “aversión vehemente hacia Dios, la Virgen, los Santos, la cruz y las imágenes sagradas”, fenómenos tales como “hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas, hacer presentes cosas distantes o escondidas o demostrar más fuerzas de lo normal”. Entre las señales, como lo suele mostrar el cine, estarían también ciertos brutos cambios en la voz. Pero Mancuso separa los tantos, contando qué le contestó a una mujer segura de que su hija estaba poseída:

–Bueno, señora, llévela a la fonoaudióloga, porque las cuerdas vocales pueden estar alteradas.

“Sé cuándo estoy hablando con el diablo, no me importa la voz”, dice el padre y corre el diagnóstico a los cambios de la personalidad, donde se muestra la posesión. En algunos casos, de manera tan extrema que ni su experiencia de dos décadas le permiten actuar: “Un hombre que se había metido en una secta prohibida salió reptando de mi despacho sin que le pudiera hacer el exorcismo. Si ése no es el diablo…”.

CONTRA SATÁN, ¿DOPING? “El psiquiatra que cree manda a la persona a la Iglesia para que lo curen de la parte espiritual, y el que no dice que se trata de esquizofrenia y empastilla”, lanza Mancuso, estudioso de todo lo que puede estar vinculado con su tarea, desde el accionar demoníaco de sectas ídem a las características de las enfermedades psíquicas que pueden confundirse con algunos signos de la llamada posesión. “El endemoniado se parece al esquizofrénico y el esquizofrénico cree que está endemoniado, entonces viene acá”, dice el cura y define: “Psiquiatras y exorcistas somos primos hermanos en la labor”.

Será por eso que además de tener psiquiatras a mano para contar con sus destrezas, el interés multidisciplinario llevó al cura Mancuso a participar del último Congreso Internacional de Psiquiatría –realizado en Buenos Aires en 2006– como disertante en una mesa dedicada al exorcismo. Allí desplegó su experiencia y su ironía: “Bien les he dicho a los psiquiatras que el demonio no se va con resperidona (un antipsicótico), y todos se rieron a coro”.

En esa mesa médico-religiosa sobre exorcismo estuvo presente Ricardo Corral, jefe de Docencia del Hospital Borda, quien explica que la creencia en un demonio que posee a las personas existió históricamente en todas las culturas humanas y que el inicio de la medicina tuvo su período demonológico cuando las enfermedades eran consideradas un producto del taladrar de espíritus que podían tomar la voluntad humana.

“Es una tendencia al pensamiento mágico, la mejor manera de no resolver un problema para que lo haga otro a través de algún poder”, radicaliza el médico. Y con el mismo énfasis da su diagnóstico final de los casos de posesión presentados en el Congreso: no hubo ninguno que no pudiera ser explicado a través de la psiquiatría y la psicopatología.

Corral sí acepta que patologías como la doble personalidad o las personalidades múltiples siguen generando para algunos pacientes, la familia y la comunidad situaciones que ven como un fenómeno sobrenatural. El hombre es un profesional racionalista que no se deja intimidar ni por los más fieros trastornos disociativos: “Un paciente que me trajeron hizo una crisis y empezó a hablar en portugués, fuera de sí, como si fuese otra persona, con la cara transfigurada, pero son trastornos psiquiátricos”.

Como precisa que la prevención y el tratamiento de toda enfermedad deben ser rápidos, agradece la mesura de la Iglesia en poner a los aparentes posesos ante la mirada psiquiátrica, lo que dice que no pasa con algunos curanderos populares que para él pueden retrasar los tratamientos y hasta empeorar las patologías.

DONDE HABITA EL ALMA.
El doctor Corral acepta que la ciencia no tiene respuestas para todos los padeceres. Cree que la medicina tiene que darle un espacio a la espiritualidad en la cura, más allá de que explique que a menudo ésta se da a través de la sugestión. Por eso dice que el psiquiatra puede derivar pacientes a un sacerdote cuando lo que percibe de fondo es una búsqueda espiritual, lo que no quiere decir que vea ahí el cierre del conflicto:

–Hay que aprender a trabajar con la persona para que siga adelante con su propio desarrollo personal e individual, no repita las crisis y tenga más autonomía en su vida, sino va a estar pendiente de si lo posee un demonio y si un sacerdote va a curarlo.

Católico ecuménico, con su búsqueda espiritual ligada al estudio de las religiones comparadas, Corral no cree sin embargo en la posesión demoníaca. “Si bien puedo creer que existen cosas sobrenaturales, se las atribuiría a Dios y no tendría sentido una intervención sobrenatural por algo negativo sino por algo positivo”, argumenta teológicamente el médico. E inmediatamente ofrece una pregunta para pensar con tiempo: “¿Por qué Dios, que es todopoderoso y omnipresente, dejaría que un ser inferior como un demonio pueda poseer a una persona?”.

El argumento del psiquiatra es que lo que se mueve por detrás de muchos fenómenos humanos como el de la posesión es el conflicto de asumir la responsabilidad de nuestros actos. Por eso sentencia: “Si dependemos de la voluntad de Dios o el demonio para que nos haga bien o mal estamos listos, ya no dependemos de nosotros mismos”.

Corral comenta que, por carecer de una figura central que asuma el lugar del mal, su pensamiento está más cerca del taoísmo. Y concluye que lo fundamental es dar cuenta cada uno de sus acciones, con todas sus consecuencias, ya que “sería muy fácil echarle toda la culpa de los males al diablo”.

Es en las acciones también donde Mancuso, aceptando el paradigma psiquiátrico pero reafirmando la existencia concreta de lo diabólico, siente que está la llave para entrar y salir de la posesión. “Si no te exponés a que te afecte el espíritu del mal, nunca vas a padecer esta consecuencia”, explica y desafía a quienes no crean en lo demoníaco: “Los invitaría a que vengan a ver un exorcismo para que comprendan lo grave que es la cosa, porque la persona endemoniada sufre horrores y la medicina no la puede ayudar”.

En lenguaje médico, igualmente, dice que “tenemos que tener una especie de profilaxis” contra el mal y aconseja no acercarse a sectas satanistas, no consumir drogas, no vivir una sexualidad “desaforada”, ni dejarse seducir por mensajes mediáticos o artísticos que invoquen potencias negativas. “Es demencial ir en busca del mal, una locura moral, otro tipo de enfermedad”, dictamina el sacerdote y ofrece una imagen que condensa sus recomendaciones: “Abrirle la puerta al demonio es como llevar una cobra a casa y arroparla en el pecho”.

Usted también puede echarlos a patadas

Tanto sacerdotes como laicos pueden ahora tomar un curso sobre Exorcismo en la Universidad Athenaeum Pontificium Regina Apostolorum del Vaticano. Algunos de los contenidos del programa son: atractivos de las personas hacia el ocultismo, los ritos exorcistas, conocimientos de psicología clínica para distinguir un esquizofrénico de un endemoniado, técnicas para detectar mensajes satánicos ocultos en el cine, la música, la literatura, los videojuegos e internet.
Jueves 29 de diciembre
Año VIII | Edición Nº781






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