Sociedad / Edición Impresa
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cómo es la polémica terapia de las vidas pasadas

Buscando el remedio en el más allá

Una disciplina que cada vez gana más adeptos en Argentina propone resolver traumas actuales con un viaje hasta la reencarnación donde supuestamente se generaron. Los críticos sostienen que la gente construye y se cree falsos recuerdos.

Josefina Licitra
01.06.2008

Estoy acostada sobre un diván pequeño, en un cuarto angosto y en penumbras. La licenciada Silvia Sirito me pide que cierre los ojos. “Dejá que tu alma suba y se integre con el cosmos”, dice. Sirito es psicóloga egresada de la Universidad de Buenos Aires y trabajó durante muchos años como psicoanalista. Pero ahora es terapeuta floral y desde hace un tiempo es experta en terapia de vidas pasadas, una disciplina que gana cada vez más adeptos en el mundo y que consiste en resolver traumas actuales viajando hasta la reencarnación donde supuestamente se generaron. “Hay heridas que a veces van más allá de lo uterino, es decir que se originan mucho antes de nuestro nacimiento –me explicó Sirito antes de acostarme–. Esta técnica no se opone al psicoanálisis, sino que es un complemento. La diferencia, en todo caso, es que acá se trabaja con las emociones y no con la reflexión sobre aquello que nos está pasando”.

Por el consultorio de Sirito pasó y pasa mucha gente: abogados, contadores, médicos, maestras. Sirito asegura que en una sola regresión se puede desanudar un problema y que en seis meses de tratamiento el cambio es abismal. A modo de ejemplo, cuenta el caso de un docente. Llegó a la consulta porque cada vez que tenía que dar clases y enfrentar a sus alumnos sentía pánico. El hombre se animó a una regresión y se encontró en una vida anterior, en la calle, vestido de monje, hablando de Cristo y recibiendo un aluvión de pedradas por parte de su público. Ahí supieron –el paciente y Sirito– que el pánico escénico se había originado en esa vida medieval.

Sirito jura que, una vez que se cruza el umbral y se ve algo, el impacto es tan fuerte que genera efectos en el presente.

Me invita a recordar.

–Voy a contar de diez a uno y vas a decirme dónde está tu alma: diez.

No esperaba esto. Me siento relajada pero mi alma está conmigo y no sé qué voy a decirle, adónde llegaré con mi alma o dónde voy a meterla si es que no llego a ninguna parte. Sirito dijo, antes de todo esto, que el paciente es quien decide qué experiencia trabajar. “Él es el que elige a qué lugar llegar, en qué época quedarse” aseguró.

–Nueve.

¿Y si soy, para variar, Cleopatra? ¿Cómo hago para saber que eso es cierto y que no es una avivada de mi propia neurosis? Esta misma pregunta se hizo Richard Ofshe, profesor de sociopsicología de Berkley y ganador de un premio Pulitzer por su libro Haciendo monstruos: Memorias falsas, psicoterapia e histeria sexual, en el que justamente hace añicos los fundamentos, la metodología y la efectividad de las terapias regresivas. Ofshe recopiló y estudió los testimonios de infinidad de pacientes y concluyó algo previsible: que la gente, involuntariamente, construye falsos recuerdos. Y que se los cree por completo. “Lo importante es que dentro de esa imaginación hay una selección –se defenderá, después de esta regresión, Sirito–. Por algo el alma busca esa imagen y no otra. Quizá tenés pánico a los perros, y eso se debe a que en otra vida te mordió un perro y moriste por eso y de ahí te queda la angustia. Lo importante es que para el alma todo es presente. El tiempo es una categoría humana”.

–Ocho.

Sirito está convencida de que las regresiones no tienen nada que ver con la magia: son trabajos de relajación que permiten al paciente llegar hasta los traumas que generan ciertos síntomas. Algunos traumas están acá, en esta vida. Pero otros cruzaron la barrera y hay que acercarse así: con los ojos cerrados y contando.

–Siete.

Sirito estira las vocales cuando habla. Le pedí que me dejara experimentar alguna de sus sesiones para contarla mejor en mi nota y ella fue generosa. A Sirito no le molesta que su disciplina tenga poca credibilidad. Ella sabe que la fe en vidas pasadas no es algo probable dentro de, por ejemplo, la comunidad científica. En su página Dios.com.ar, Alejandro Agostinelli –especialista en pseudociencias– dedica todo un apartado a este tipo de terapias. En su artículo Regresar a vidas pasadas: en busca de la biografía perdida explica que la reencarnación –siglos atrás– era una creencia que legitimaba el sistema de castas imperante en sociedades como la india, donde la única forma de progreso consistía en tener la suerte de encarnar en un sujeto más afortunado. Con el paso de los siglos, esta mirada se fue integrando a la cultura occidental y se convirtió en base de nuevas psicoterapias. “Las terapias de regresión no despiertan el recuerdo de vidas anteriores sino que consolidan las creencias anteriores del paciente –escribe Agostinelli–: el regresado se limita a reelaborar la información estereotipada que almacena en su memoria”.

–Seis.

Para Sirito, no creer en vidas pasadas es tan legítimo como creer en ellas. Y aquellos que crean en este tipo de terapias deberán tomar un solo recaudo: hacerlo con alguien apropiado. Sirito, por ejemplo, no se anima a hacer regresiones con cualquiera. A pesar de que, en la actualidad, cualquiera te lleva hasta el cero: el punto ciego donde empiezan las cosas.

–Cinco.

Sigo igual: mi alma conmigo y ya me queda la mitad del tiempo. El rey de las terapias regresivas es Brian Weiss: médico de la Universidad de Columbia, psiquiatra egresado de Yale y autor de un puñado de best sellers (entre ellos Muchas vidas, muchos maestros y A través del tiempo) que podrían alimentar holgadamente a sus próximas diez reencarnaciones. Sólo en sus primeras ediciones, Muchas vidas… vendió dos millones de copias y se publicó en veintidós idiomas. Weiss usa la terapia regresiva para curar trastornos de ansiedad, fobias, timidez, anorexia, depresión, bulimia, adicciones, relaciones conflictivas, en fin: todo.

–Cuatro.

En la Argentina hay dos gurúes: el doctor José Luis Cabouli –médico egresado de la Universidad de Buenos Aires y autor de cinco libros que, en algunos casos, ya van por la cuarta edición– y la licenciada Amalia Estévez. Sirito se inició en las terapias regresivas con el doctor Cabouli. Ella estaba paseando en la Feria del Libro, vio un ejemplar que le llamó la atención (llamado, justamente, Terapia de vidas pasadas) y semanas después ya estaba en el consultorio del doctor. Con ese tratamiento, Sirito logró resolver problemas personales y lo hizo a tal velocidad que dejó el psicoanálisis. Amalia Estévez, en tanto, es psicoterapeuta egresada de la UBA, es autora de tres libros (A la luz de nuestras vidas pasadas, Colisión de almas gemelas y El don) y da unos talleres de regresión grupal donde sería posible llegar al llamado “espacio entre vidas”: una línea de frontera en la que los visitantes pueden elegir de qué quieren trabajar en la vida siguiente, dónde quieren encarnar, qué vienen a hacer a esta vida, etcétera. Llamé a la licenciada Estévez para que me dejara concurrir a uno de esos encuentros, incluso ofrecí pagar los 200 pesos de arancel, pero Estevez se negó y me ofreció, a cambio, uno de sus libros.

–Tres.

Sirito debe darse cuenta: dice que tengo que dejar de pensar, que ya no hay tiempo. “Imaginá que los pensamientos son nubes que pasan”, sugiere. Puedo imaginar las nubes.

–Dos.

Ahora dice que si llego a algún lugar voy a poder hacer catarsis. Trato de pensar desesperadamente en algo; el cero se acerca.

–Uno.

Voy a lo fácil: hablo de mi padre.
Jueves 29 de diciembre
Año VIII | Edición Nº781






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